3 665 líneas suspendidas por un mal uso

Daniel Méndez, operador, recibe llamadas de consulta por el estado de excepción
Daniel Méndez, operador, recibe llamadas de consulta por el estado de excepción.
Foto: Galo Paguay / El Comercio

La llamada ingresó a las 10:15. La contestó un operador del servicio de atención de emergencias ECU-911. Al otro lado de la línea, una mujer dijo tener síntomas de coronavirus y recibió instrucciones: “Dígame su nombre y su edad, por favor. ¿Presenta fiebre o tos? Permítame, la voy a transferir”.

Esta escena se registró el jueves último en las instalaciones de ese centro de auxilio. Las comunicaciones por coronavirus pasan a uno de los 18 doctores, tecnólogos y paramédicos que están en el edificio en cada turno. Los síntomas que dijo tener la mujer no correspondían al virus. Uno de los médicos señaló que se trataba de una gripe y los datos los ingresó en su computador. De inmediato entró otra llamada. Los teléfonos no paran de sonar.

Los especialistas lamentan que pese a la coyuntura no hayan cesado “las bromas”. Esta versión la corrobora el director del ECU-911, Juan Zapata. “Hay gente irresponsable que llama a pedir papas fritas, hamburguesas, colas o se ríe o grita antes de colgar de inmediato”. Estas comunicaciones perjudican la respuesta del sistema de emergencia. Por eso se optó por activar el procedimiento de sanciones. La semana pasada, la Agencia de Regulación y Control de las Telecomunicaciones suspendió. 3 665 líneas de diferentes operadoras por pedido del ECU-911. Este número subirá, pues otros expedientes ya fueron remitidos a la agencia para que se ejecute el castigo.

En el ECU-911 se han adoptado medidas de protección para no convertir sus instalaciones en centros de propagación del covid-19. Por ejemplo, la mitad trabaja en la sala de operaciones y el resto en la de videovigilancia. Con esta distribución, se evita el contacto al dejar como distancia un puesto vacío. Desde la sala de videovigilancia se ve en pantallas gigantes cómo la gente irrespeta las restricciones. Desde aquí se alertó la presencia de libadores el miércoles último; estaban concentrados en la Tribuna De los Shyris, a minutos de que se inicie el toque de queda.

El evaluador Jorge Murillo está pendiente de cualquier hecho que vaya contra las disposiciones del estado de excepción. Desde su puesto observa que todavía existen dueños de locales que abren papelerías, cibercafés, licorerías. El funcionamiento de estos negocios no está permitido.

Las medidas de bioseguridad se inician desde la entrada. Dos lavacaras con cloro y trapos se usan para desinfectar los zapatos. El personal se para una sola vez durante cada turno. Lo hace mientras se procede a la fumigación de la central. Por normas de bioseguridad se dirigen a un espacio en el parque Itchimbía durante una hora hasta que los químicos actúen. La idea es que no los afecte.

Diario EL COMERCIO

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